YESHÚA

Caminando sobre el caos

HN Internacional

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Caminando sobre el caos

En la ciencia, específicamente en el área de la termodinámica, se consideran tres tipos de energía: Delta G (ΔG), que es la energía liberada o requerida para que una reacción química se lleve a cabo; Delta H (ΔH), que es la entalpía, la energía aportada o requerida para un cambio físico; y Delta S (ΔS), que es la entropía, la energía no utilizable debido a su naturaleza caótica, propia del cambio de estado tanto físico como químico en los sistemas. Puede que esto no tenga sentido de inmediato, pero sigue leyendo.


La entropía es inevitable. Es la energía generada por innumerables microestados que cambian en segundos. Estos cambios ocurren simultáneamente en diferentes espacios, generando una energía caótica que no podemos aprovechar. Aunque podemos medirla y utilizarla como indicador de cambios en un sistema, no podemos almacenarla ni reutilizarla, lo que impide que cualquier máquina tenga un 100% de eficiencia energética. Por ejemplo, si proporcionamos 100 unidades de energía a un sistema termodinámico, en el mejor de los casos obtendremos 70 unidades útiles, mientras que las 30 unidades restantes se dispersarán en forma de entropía. ¿Significa esto que la primera ley de la termodinámica está equivocada? No, la energía no se destruye ni desaparece, simplemente se transforma en caos.


Curiosamente, este mismo principio ocurre en nuestras vidas. Cuando iniciamos un proyecto, comenzamos con entusiasmo y energía, pero a medida que avanzamos, la transformación hacia nuestra meta genera inevitablemente caos a nuestro alrededor. Por ejemplo, alguien que decide emprender su propio negocio puede lograr la ansiada libertad financiera, pero al mismo tiempo enfrenta presiones económicas, sacrificios de tiempo, deudas y responsabilidades que antes no tenía. Al final, es necesario hacer un balance entre los logros y el caos generado para determinar si la inversión de energía valió la pena o si el desorden nos ha consumido.


En la Toráh, el agua simboliza el caos. Representa fuerzas incontrolables, como la tempestad de los mares o la corriente de los ríos. En Bereshit (Génesis) 1:2, antes de la creación, la tierra estaba cubierta de agua, reflejando el desorden primordial. Sin embargo, el Rúaj de Elohim se movía sobre las aguas, es decir, dominaba sobre el caos. Los sabios también comentan sobre Tehilím (Salmos) 77:19, que dice: "En el mar fue tu camino y tus sendas en las muchas aguas; pero tus pisadas no fueron conocidas". Este pasaje enseña que solo Elohim tiene la potestad de ordenar las aguas y caminar sobre ellas, ejerciendo control absoluto sobre el caos del mundo.


En el Brit Jadashá (Nuevo Pacto), encontramos dos relatos clave que refuerzan esta enseñanza. En Matityah (Mateo) 8:23-27, Yeshúa reprende a los vientos y al mar, y sobrevino una gran calma. Más adelante, en Matityah 14:22-33, Yeshúa camina sobre el agua y permite que Kefa (Pedro) intente acercarse a Él. Este milagro no solo demuestra que Yeshúa es Adonay, sino que nos enseña que el Mashíaj está por encima del caos de nuestras vidas y tiene el poder de reprender las fuerzas que nos abruman. Sin embargo, antes de intervenir, quiere que demos el paso de fe hacia Él, caminando sobre el caos con confianza.


En las Escrituras, solo dos personas reciben potestad sobre las aguas: Moshéh Rabenu, quien abre el Yam Suf (Mar de Juncos) para que el pueblo de Israel escape hacia Canaán, y Yeshúa, quien camina sobre el agua para salvar a Kefa de su cautividad espiritual. La diferencia radica en que Moshéh fue un instrumento del ETERNO para el milagro, permitiendo que los israelitas cruzaran el mar sobre tierra seca. En cambio, Yeshúa, quien es Adonay, dio la orden directa a las aguas y estas se doblegaron bajo sus pies.


Ambos milagros requirieron dos atributos fundamentales: Emunáh (firmeza en la fe) y Bitajón (confianza en el ETERNO). En el caso del Yam Suf, la emunáh de Najshón Ben Aminadav y el bitajón de Moshéh permitieron la salvación de todo el pueblo de Israel. Sin embargo, en el caso de Kefa, aunque tenía bitajón, su emunáh era débil. Por ello, Yeshúa le dice: "¡Qué poca emunáh tienes! ¿Por qué dudaste?" (Mat. 14:31).


Este pasaje resalta la humanidad de Kefa y, en consecuencia, la nuestra. Muchas veces creemos que conocemos a nuestro Mashíaj, pero cuando enfrentamos el caos de la vida, nuestra emunáh flaquea y dudamos de que Él pueda sostenernos sobre las aguas de la incertidumbre. La vida está llena de caos y cambios constantes, tal como la entropía en la termodinámica. Sin embargo, la Toráh nos enseña que Elohim gobierna sobre el caos y que, si confiamos en Él, podremos caminar con firmeza sobre las aguas turbulentas de nuestra existencia. Yeshúa nos muestra que no estamos solos en medio de la tormenta y que, aunque nuestra fe sea débil, Su mano siempre estará extendida para rescatarnos.


La verdadera pregunta es: ¿estamos dispuestos a dar el primer paso sobre el caos confiando plenamente en Él?