YESHÚA

EL MENSAJE DETRÁS DE LA ACCIÓN DE YESHÚA AL LAVAR LOS PIES DE SUS DISCÍPULOS

HN Internacional

Autor

12 min de lectura
EL MENSAJE  DETRÁS DE LA ACCIÓN DE YESHÚA AL LAVAR LOS PIES DE SUS DISCÍPULOS

Una parábola en acción. Juan 13:1-16


Durante la última cena, antes de ser arrestado, YESHÚA dice a sus discípulos algunas cosas extremadamente importantes, les da advertencias, promesas, instrucciones, que están contenidas desde el capítulo 13 al 17 del evangelio de Juan.

Una de las cosas más significativas y menos entendidas que YESHÚA quiso enseñarles en esa oportunidad fue tan importante que se levantó en medio de la cena para lavar los pies de sus discípulos.



A través del tiempo la enseñanza que se ha dado sobre este hecho, ha sido resaltar el acto de humildad que mostraba YESHÚA al lavar los pies de sus discípulos, siendo que Él era su Maestro y, además, el Hijo de Elohim. También que les indicaba que siguieran su ejemplo practicándolo unos a otros.


Sin embargo, por los detalles enfáticos que nos muestra el texto, podemos ver que este acto va más allá de una sencilla muestra de humildad.


Era aquella Moed de Pésaj en la que precisamente llegaba el momento, en el curso de la humanidad, del cumplimiento de la profecía acerca del sacrificio de YESHÚA y de su muerte en la cruz para redimir el pecado del mundo. Llegó aquél momento profetizado tantas veces en las Escrituras y que cambiaría la historia humana, en el que YESHÚA sería entregado como el Cordero Inmolado y su sangre sería derramada por nuestra salvación.


Vamos por tanto a analizar el texto verso por verso:

Versículo 1: “ Antes de la fiesta de la pascua (Pésaj), sabiendo YESHÚA que su hora había llegado para que pasase de este mundo al Padre, como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin.”


A manera de introducción el texto comienza a decirnos el motivo tan importante por el cual YESHÚA estaba tomando la decisión de enseñarles a través del acto de lavar los pies de los discípulos. La enseñanza que les quería dar era tan importante que el versículo 1 resalta, en primer lugar, que YESHÚA hacía esto porque los había amado hasta ese momento, pero que su amor se extendería hasta el último de sus días como hombre en la tierra. Su amor llegaría hasta dar su vida y complir así el propósito por el cuál había venido a esta tierra y disponerse a entregar su vida por ellos. Cómo lo menciona Juan 3:16: “Porque de tal manera amó ADONAY al mundo que ha dado a su HIJO UNIGÉNITO para que todo aquel que en Él crea, no se pierda, más tenga vida eterna.”

Sabemos que este amor de YESHÚA implicaba ser enviado como oveja al matadero, tener que ser golpeado, escupido, traicionado, humillado públicamente, ser juzgado como un criminal y pecador con la muerte más vergonzosa que podía haber hasta ese momento, la muerte de cruz. Por eso dice: los amó hasta el fin, hasta morir.


Había algo relevante que YESHÚA les quería enseñar porque ya llegaba la hora de regresar a ADONAY ELOHIM y no estaría más con ellos.

Además Judas Iscariote ya estaba resuelto y decidido a entregarlo de acuerdo a lo que HaSatán había puesto en su corazón.


Versículo 3: “Sabiendo Yeshúa que ADONAY le había dado todas las cosas en las manos, y que había salido de ELOHIM y a ELOHIM regresaba”.

Otra versión dice: “Y YESHÚA estaba consciente que el Padre había puesto todo bajo su poder, y que El había venido de ELOHIM y que regresaba a ELOHIM”.


Podemos destacar en estos versículos que este acto de lavar los pies a sus discípulos lo hacía YESHÚA porque Él vino de ELOHIM y tenía el poder para hacerlo ya que todas las cosas le habían sido entregadas en sus manos por el PADRE . Vemos entonces que lavar los pies a los discípulos tenía que ver con el poder que YESHÚA tenía en sus manos para hacer lo que tal acto representaba. Por lo que vamos entendiendo que no es un simple acto de humildad. Una persona no necesita el poder de ELOHIM para tener una acto de humildad ¿no es cierto?, hasta una persona sin ELOHIM puede tener un acto de humildad.


Versículo 4: “Se levantó de la cena, y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó”.

Este acto pareciera que fue una forma sencilla de YESHÚA de ponerse la toalla en un lugar accesible para tener al alcance y secar los pies de los discípulos, pero no es así.


En la Escritura, ceñirse los lomos tiene un profundo significado: es prepararse, trabajar duro y dar servicio en el reino. YESHÚA fue un claro y poderoso ejemplo de servicio al ofrecer su vida para perdón de los pecados.

Mateo 20:28 “como el Hijo del hombre, que no vino para ser servido, sino para servir y para dar su vida en rescate por todos”.


YESHÚA se ciñe los lomos mostrando su entrega como el Siervo Sufriente que mostraba su disposición de dar su vida para perdón de nuestros pecados. También vemos aquí el ceñirse los lomos como una señal de autoridad. ´Él tenía el poder para hacer lo que representaba lavar los pies a sus discípulos, aunque en ese momento ellos no lo entendían.


Pero sabemos que luego fue exaltado hasta lo sumo y en vez de estar ceñido en sus lomos tendría un cinto de oro en su pecho, como señal de sacerdocio y realeza, como lo vio Juan en Apocalipsis 1:13: “y en medio de los siete candeleros a uno semejante al Hijo del hombre, vestido de una ropa que llegaba hasta los pies, y tenía el pecho ceñido con un cinto de oro”.


Versículo 5: “Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies de sus discípulos y a enjugarlos con la toalla con que estaba ceñido”.


Un lebrillo fue lo que se usó para poner la sangre de los corderos que se iba a untar en las puertas de las casas de los hebreos para que el ángel de la muerte pasara de largo y no tocare a los hijos de Israel cuando fue enviada a Egipto la plaga de muerte de los primogénitos. Los lebrillos eran una de los utensilios hechos de oro, que se usaban en el templo.


Exodo 12: 21-22: Moisés convocó a todos los ancianos de Israel y les dijo: «Salid y buscad corderos para vuestras familias, y sacrificad la pascua. Tomad un manojo de hisopo, mojadlo en la sangre que estará en un lebrillo, y untad el dintel y los dos postes con la sangre que estará en el lebrillo.


Todos sabemos que la sangre untada en las puertas de las casas de los Israelitas era figura y sombra de la sangre del Cordero de ELOHIM que sería derramada para el perdón de los pecados.


Y dice que los enjugaba con la toalla con que estaba ceñido. YESHÚA, tenía el poder de hacer esto, porque el perdón de pecados traería el reposo eterno, como dice Apocalipsis 7:17 porque el Cordero que está en medio del trono los pastoreará y los guiará a fuentes de aguas vivas. Y ELOHIM enjugará toda lágrima de los ojos de ellos.»

El agua en las Escrituras representa la Palabra de Elohim que limpia y purifica el alma.


Versículos 6 y 7: “Cuando llegó a Simón Pedro, éste le dijo:—Señor, ¿tú me lavarás los pies? Respondió YESHÚA y le dijo:—Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora, pero lo entenderás después”.


¿Qué había que entender acerca del acto de YESHÚA de lavar los pies a sus discípulos? ¿No era ésta una costumbre muy común, practicada y conocida entre los judíos?


¿Qué había tras de este acto, que YESHÚA dijo a Pedro que él lo entendería hasta después?.


Sigamos analizando:


Versículo 8: “Pedro le dijo: No me lavarás los pies jamás. YESHÚA le respondió: Si no te lavare no tendrás parte conmigo.”

Wou!!! Impresionante!. YESHÚA le estaba diciendo a Pedro que no tendría parte en la vida eterna si no le dejase lavar los pies? Ya aquí vamos entendiendo más cómo con este acto, YESHÚA estaba dándoles un tipo de parábola y que por lo tanto tenía un significado mucho más relevante y profundo.


Ahora tenemos más confirmación de que el meollo del asunto no era en sí el lavado de los pies. Veamos los siguientes versículos:


Versículos 9 al 11: “ Le dijo Simón Pedro: —Señor, no sólo mis pies, sino también las manos y la cabeza. YESHÚA le dijo: —El que está lavado no necesita sino lavarse los pies, pues está todo limpio; y vosotros limpios estáis, aunque no todos. Él sabía quién lo iba a entregar; por eso dijo: «No estáis limpios todos.»


¡OHHHHHH, ya entendemos, YESHÚA no se refería a la limpieza de los pies o del cuerpo!. ¡Se refería a la limpieza del alma!. YESHÚA le dice a Pedro que ya ellos están limpios. ¿a qué se refería?


Nos damos cuenta de qué hablaba YESHÚA según leemos en Juan 15:2-4: “Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto. 3 Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado. 4 Permaneced en mí, y yo en vosotros”.


Y lo confirma cuando dice que no todos están limpios refiriéndose a Judas Iscariote, quien le iba a entregar.


Quiere decir que al referirse YESHÚA a la limpieza del alma con el ejemplo que les estaba dando a través del lavado de los pies, está queriendo decir que, con lo que pronto estaría por suceder, su sacrificio y muerte en la cruz, estaba lavándolos con su sangre preciosa y otorgándoles el perdón del pecado, transferido por generaciones desde Adán.


Ya los discípulos tenían la Palabra de YESHÚA que en las Escrituras es representada por el agua y sus corazones estaban limpios. Pero faltaba aún lo más importante y es de lo que habla la profecía en Ezequiel 11:19 y Ezequiel 36:26, este último dice: “Os daré un corazón nuevo y pondré un espíritu nuevo dentro de vosotros. Quitaré de vosotros el corazón de piedra y os daré un corazón de carne”.


YESHÚA culmina esta obra en sus discípulos cuando se les aparece después de su resurrección y les dice: Juan 20:21: “Entonces YESHÚA les dijo otra vez:—¡Paz a vosotros! Como me envió el Padre, así también yo os envío. Y al decir esto, sopló y les dijo:—Recibid el RÚAJ HAKODESH.”


El RÚAJ HAKODESH dentro de nosotros no podía ser posible hasta que YESHÚA muriera y resucitara en Gloria.


Sigamos viendo algo muy interesante que se continúa relatando en Juan 13:

Versículos 12 al 17: “Así que, después que les lavó los pies, tomó su manto, volvió a la mesa y les dijo:

—¿Sabéis lo que os he hecho? Vosotros me llamáis Maestro y Señor, y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el MASHIAH y el MAESTRO, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros, porque ejemplo os he dado para que, como yo os he hecho, vosotros también hagáis. De cierto, de cierto os digo: El siervo no es mayor que su señor, ni el enviado es mayor que el que lo envió. Si sabéis estas cosas, bienaventurados sois si las hacéis.»


Aquí concluye la enseñanza con una enfática instrucción de YESHÚA a sus discípulos, y ¿Qué les dice? Que eso mismo que Él hizo con ellos lo hagan unos a los otros. Quiere decir que como YESHÚA perdonó a sus discípulos, ellos deben perdonarse unos a otros.


Nos lo reafirma Colosenses 20:12-13 donde nos instruye: “Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de bondad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia.Soportaos unos a otros y perdonaos unos a otros, si alguno tiene queja contra otro. De la manera que YESHÚA os perdonó, así también hacedlo vosotros”.


Con estos textos se extiende la revelación, y nos indica que así como él los estaba limpiando de sus pecados y les otorgaba el perdón, nosotros también debíamos perdonarnos unos a otros nuestros pecados.


No que tuviésemos el poder de redimirlos y dar vida eterna, pero sí de perdonarlos, de no tenerles sus pecados en cuenta, como apuntados en una libreta para estarles recordando e incluso tal vez acusarlos delante de ADONAY. Porque en Juan 20:22 agregó: “ A quienes remitieres los pecados, les son remitidos (Perdonar, alzar la pena, eximir o liberar de una obligación) y a quienes se los retengáis, les serán retenidos (Conservar en la memoria algo)” .


Concluimos entonces que este ejemplo de YESHÚA de lavar los pies a sus discípulos representaba la limpieza de su alma a través de la Palabra y el lavamiento de sus pecados a través de su muerte en la cruz. Les instruye a que hagan lo mismo unos con otros, lo que significa que deben perdonarse unos a otros sus pecados. Claro que esto nos habla a nosotros de no retener y mantener en la memoria achando los pecados de nuestros hermanos, juzgándolos y acusándolos por sus hechos; si no remitirlos a YESHÚA, perdonarlos al igual que YESHÚA nos ha perdonado. Debemos dejar que sea ÉL quien juzgue y no nosotros.


El pasaje estudiado de Juan 13:1-16 nos habla entonces acerca del perdón.