YESHÚA, mi ejemplo.

HN Internacional
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En un mundo donde la verdad es tergiversada y los caminos del hombre se apartan de la voluntad de ADONAY, nuestra identidad como hijos Suyos se define en un solo modelo perfecto: YESHÚA HaMashíaj. Él no solo vino a redimirnos, sino a mostrarnos cómo vivir. Su vida es nuestro ejemplo supremo, porque en Él encontramos obediencia, amor, humildad y unidad con el Padre.
Vivamos la Torah
YESHÚA no vino a anular la Torah, sino a vivirla perfectamente y enseñarnos cómo aplicarla con fidelidad. Sus palabras son claras:
“No piensen que he venido para anular la Torah o los Profetas. No he venido para anular, sino para cumplir.”
(Mateo 5:17)
Él la guardó en cada aspecto de Su vida, enseñó su correcta interpretación y la vivió con integridad. Como está escrito:
“El que dice que permanece en Él, debe andar como Él anduvo.”
(1 Juan 2:6)
Si queremos ser verdaderos hijos de ADONAY, debemos seguir el ejemplo de YESHÚA en Su obediencia a la Torah, guardando los mandamientos con amor y verdad.
Obedezcamos la voluntad de ADONAY
La obediencia de YESHÚA no solo se manifestó en Su enseñanza, sino en Su vida misma. No buscó Su propia voluntad, sino la del Padre.
“Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.”
(Juan 6:38)
Su mayor prueba de obediencia fue en Getsemaní, cuando, aun sabiendo el sufrimiento que le esperaba, se rindió completamente a ADONAY:
“Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.”
(Lucas 22:42)
Su obediencia fue total, hasta la cruz, demostrando que el verdadero hijo de ADONAY no busca su propio camino, sino la voluntad del Padre.
Amemos sin reservas
El amor de YESHÚA no fue solo un sentimiento, sino una entrega absoluta. Nos enseñó que amar es darlo todo, incluso la propia vida.
“Nadie tiene mayor amor que este: que uno ponga su vida por sus amigos.”
(Juan 15:13)
Él no solo amó con palabras, sino con acciones. Lavó los pies de Sus discípulos, sanó a los enfermos, restauró a los caídos y perdonó incluso a quienes lo crucificaron:
“Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.”
(Lucas 23:34)
Si queremos reflejar a YESHÚA en nuestras vidas, debemos amar como Él amó: con entrega, perdón y servicio.
Practiquemos la humildad
Siendo el Hijo de ADONAY, pudo haber venido con gloria y majestuosidad, pero prefirió la humildad y el servicio.
“No he venido para ser servido, sino para servir y para dar mi vida en rescate por muchos.”
(Mateo 20:28)
Nació en un pesebre, vivió como un siervo y entró a Yerushaláyim montado en un burro. No buscó reconocimiento ni poder terrenal, sino agradar al Padre.
Pablo lo describe con claridad:
“Se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres. Y, estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.”
(Filipenses 2:7-8)
Ser como YESHÚA es vivir con humildad, sin buscar honra, sino servir a los demás.
Seamos uno con ADONAY
YESHÚA vivió en una relación perfecta con el Padre. No hacía nada por sí mismo, sino que todo lo hacía en comunión con ADONAY.
“El Hijo no puede hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre.”
(Juan 5:19)
Y Su deseo es que nosotros vivamos en la misma unidad:
“Que todos sean uno, como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti; que también ellos sean uno en nosotros.”
(Juan 17:21)
Ser hijos de ADONAY significa vivir en unidad con Él a través de YESHÚA, sometiéndonos a Su voluntad y caminando en Su verdad.
Sigamos el ejemplo de YESHÚA
Si verdaderamente queremos ser hijos de ADONAY, debemos seguir a YESHÚA: guardar la Torah, obedecer sin reservas, amar sin límites, caminar en humildad y vivir en unidad con el Padre.
Él lo dijo claramente:
“Síganme.” (Mateo 4:19)
La pregunta es: ¿Estamos dispuestos a seguir Su ejemplo?
