Enseñanza

El Regreso al Hogar: Un Mensaje de Pésaj en la Parábola del Hijo Pródigo

HN Internacional

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El Regreso al Hogar: Un Mensaje de Pésaj en la Parábola del Hijo Pródigo

Pésaj no es solo un recuerdo histórico. Es una invitación viva a experimentar libertad, redención y regreso. En medio del relato de la salida de Egipto, también encontramos ecos profundos en las enseñanzas de YESHÚA HAMASHÍAJ —particularmente en la Parábola del Hijo Pródigo (Lucas 15:11-32).


El hijo que se aleja


En la parábola, un hijo menor pide su herencia y se aleja del hogar. Pronto lo pierde todo y se encuentra hambriento, solo, viviendo entre cerdos. ¿Te suena familiar? Egipto fue para Israel ese lugar de miseria, donde la esclavitud despojó al pueblo de su dignidad y libertad.


Cada vez que nos alejamos del propósito del Padre, nos volvemos como ese hijo: libres solo en apariencia, pero atados en el alma.


El momento de despertar


Pésaj nos recuerda el clamor de un pueblo que, en medio de su dolor, “clamó a Elokim” (Éxodo 2:23). Así también, el hijo pródigo “volvió en sí” y dijo: “Me levantaré e iré a mi padre.” Esa es la esencia de teshuvá: volver. No solo cambiar de rumbo, sino volver al corazón del Padre.


El abrazo del Padre


El Padre no espera con reproche. Corre, abraza, restaura. Le pone anillo, sandalias y manda a preparar una gran comida de celebración. ¿Te suena esto a una cena especial? Es la imagen espiritual de la Cena de Pésaj, cuando celebramos que el Eterno no solo nos libera, sino que nos sienta en Su mesa como hijos redimidos.


En esta parábola, vemos el corazón del ETERNO revelado en YESHÚA. Él es el Cordero de Pésaj, entregado para que podamos regresar al hogar. A través de Su sangre, como la de los corderos en Egipto, somos protegidos del juicio y abiertos a una nueva vida de libertad.


Un mensaje para esta temporada


Este Pésaj, pregúntate:

¿Hay algo en mí que necesita regresar?

¿He estado lejos, aunque esté físicamente cerca?


La historia del hijo pródigo nos asegura que no importa cuán lejos hayas ido, el camino de regreso siempre está abierto. Y al final del camino no hay condena, sino un banquete, una bienvenida, una restauración.


YESHÚA, nuestro MASHÍAJ, no solo nos cuenta esta historia. Él la encarna. Es el que abre el camino de vuelta, que rompe nuestras cadenas y que nos dice:


“Ya no sois siervos, sino hijos.”




¡Jag Pésaj Sameaj! Que esta festividad sea para ti un verdadero regreso al hogar.