YESHÚA

MIRA A YESHÚA

HN Internacional

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MIRA A YESHÚA

Nos han enseñado a mirar muchas cosas, incluso a confiar desmedidamente en ellas, Mirar al cielo. Mirar los “avivamientos”. Mirar a los famosos teólogos del momento y a los de otros tiempos. Mirar los milagros…

Pero ¿Hasta qué punto podemos decir que hemos puesto carne por nuestro brazo? (Jer 17:5). Hoy quiero lanzarte un llamado urgente, ardiente y, tal vez, hasta incómodo:


¡Mira a YESHÚA! De nuevo, ¡Mira a YESHÚA!


A la asamblea de Éfeso, YESHÚA mismo, ya glorificado, no como cordero mudo, sino como Rey que camina entre los candelabros, le dice con voz tronante: "Has dejado tu primer amor. Recuerda de dónde has caído y haz las primeras obras." ¿Cuáles fueron esas primeras obras? Mirar a YESHÚA. Escucharlo con hambre. Seguirlo con fuego. Imprimir Sus palabras en el alma como el único objetivo. Hoy muchos trabajan por Él, enseñan en Su nombre, incluso predican con pasión, pero han dejado de mirar al Maestro. Se han vuelto expertos en doctrina, pero novatos en obediencia. Hablan de Él, pero no lo imitan. Y el MASHIAJ advierte: “Si no te arrepientes, quitaré tu candelero.” Esto no es un consejo. Es una advertencia celestial. Volver a YESHÚA no es opcional. Es urgente. Es vida o muerte.


En una ocasión YESHÚA hablaba en una sinagoga en Kefar-Najum y le preguntaron: ¿Qué haremos para trabajar en el servicio de ELOHÍM? YESHÚA respondió y les dijo: "Este es el servicio de ELOHÍM: que confíen en aquel a quien él ha enviado". Jn-Yojanan 6:28-29


¿Cómo terminó aquella disertación? Bueno, está registrado que muchos de sus discípulos volvieron atrás y ya no caminaron con Él, alegando que dura era esa palabra, que no la podían soportar.


Hoy ante nuestro ojos sucede lo mismo, muchos de los que se dicen sus discípulos y ser seguidores del Maestro, ya no le siguen y mucho menos confían en Él porque duras son sus palabras, no las pueden soportar.


Antes han preferido mirar a todos lados, miran a Pablo como si fuera más que un emisario, han puesto sus palabras por encima de las del Maestro y terminaron haciendo de las congregaciones, asambleas Paulinas antes que “Cristianas”. Y no estoy diciendo que no estudiemos a Pablo, a Pedro, Juan o Santiago, pero sus voces no pueden nunca reemplazar la del Maestro. Todos ellos fueron siervos fieles, sí. Pero todos ellos, sin excepción, se postraron a los pies de Aquel que es el Camino, la Verdad y la Vida. El único digno de ser seguido ciegamente. El único con la Toráh viva en su carne, la autoridad sin mancha, la voz del Padre entre nosotros, el Nombre sobre todo Nombre, YESHÚA HAMASHÍAJ.


¿Ya te has “bautizado”? ¿En nombre de quién te sumergiste? ¿Acaso lo hiciste en nombre de Pablo? ¿En nombre de alguna denominación? ¿En el nombre de una doctrina reformada, pentecostal, mesiánica o bautista? ¿O fue en el nombre del RABÍ de los rabinos, YESHÚA HAMASHÍAJ?


Entonces, ¿por qué lo has dejado de mirar?

¿Por qué confías más en Pablo que en YESHÚA para aprender doctrina? ¿Por qué ajustas tus lentes religiosos para que todo en los registros de Mateo, Marcos, Lucas y Juan, que no encaje con tus teologías ajustadas a modo, simplemente lo ignores?


Pablo nunca quiso eso.

Pablo se presentó como imitador de YESHÚA, no como reemplazo.

Él jamás enseñó a seguirlo a él sobre el Maestro. Pero el corazón religioso lo ha torcido todo. Ahora muchos conocen las cartas, pero no conocen los pasos del que caminó sobre las aguas.


YESHÚA es el modelo.

YESHÚA es el centro.

YESHÚA es el estándar.

YESHÚA es la meta.


No fue Pablo quien dijo: “Ven y sígueme”.

No fue Pedro quien dijo: “Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón”.

No fue ningún apóstol quien subió al madero por ti. Fue el Cordero sin mancha. El Primogénito de los resucitados. El Pastor que da su vida por las ovejas.


¿Cuándo fue la última vez que imitaste a YESHÚA conscientemente?


El enemigo es astuto. No necesita que renuncies a YESHÚA abiertamente. Solo necesita que lo reemplaces lentamente... por otros nombres, por otras voces, por otros énfasis, por otras enseñanzas. Y sin darte cuenta, comienzas a seguir doctrinas que YESHÚA jamás enseñó, a justificar lo que Él condenó, a ignorar lo que Él valoró.


Hoy te invito a una reforma verdadera. No una que viene de teólogos modernos, sino del cielo mismo:


¡VUELVE A MIRAR A YESHÚA!


Estudia sus palabras.

Imita su fe.

Practica su obediencia a la Toráh.

Camina como Él caminó.

Hazte su discípulo cada día, como si nunca antes lo hubieras conocido, como si acabaras de oír su voz diciendo:

“Sígueme.”


Que ningún sistema, predicador, libro o tradición se interponga entre tú y el Hijo del Altísimo.

Porque en la eternidad, no serás juzgado por cómo interpretaste a Pablo, sino por las pruebas de haber obedecido o no al Hijo amado en quien el Padre se complació.


MIRA A YESHÚA.

Y no apartes tus ojos de Él jamás.