PARASHÁH TAZRÍA METZORÁ

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PARASHOT 27 y 28: TAZRÍA-METZORÁ
תַזְרִ֔יעַ-מְּצֹרָ֔ע
gematría 687 y 400
Tazría Significa: ella concibe
Metzorá Significa: el que tiene tzaráat
Toráh: Vayikrá Levítico_12:1–15:33
Haftaráh: Melajim Bet 2Re_4:42-5:19; 7:3-20
Brit Jadasháh: Rom. 1:1-6:23
Aliyá 1 Domingo
Vayikrá Levítico 12:1–13:23
Aliyá 2 Lunes
Vayikrá Levítico 13:24–13:39
Aliyá 3 Martes
Vayikrá Levítico 13:40–13:59
Aliyá 4 Miércoles
Vayikrá Levítico 14:1–14:20
Aliyá 5 Jueves
Vayikrá Levítico 14:21–14:32
Aliyá 6 Viernes
Vayikrá Levítico 14:33–14:57
Aliyá 7 Shabat
Vayikrá Levítico 15:1–15:33
Entre la impureza y la restauración
En el corazón del Sefer Vayikrá (Levítico), las parashot Tazría y Metzorá revelan un misterio profundo sobre el alma humana y su relación con la pureza, no como un estado físico, sino como una conexión espiritual con ADONAY.
Tazría comienza con una ley desconcertante: una mujer que da a luz debe pasar días de tumáh (impureza ritual), como si el milagro de traer vida implicara un corte temporal con la kedusháh (santidad). Pero no es castigo, sino un recordatorio de la separación entre lo eterno y lo terrenal. La sangre que fluye simboliza la fragilidad de la carne, y el tiempo de espera, representa el catalizador para fraguar el proceso de elevación.
Luego, el texto se adentra en el mundo del tzaráat, una enfermedad no como una afección médica, sino una manifestación espiritual en la piel, la ropa o las casas. El que la porta es llamado Metzorá, este padecimiento se considera una consecuencia de la lashón hará (lengua maligna). La piel habla lo que el corazón calla. El cuerpo manifiesta y delata el alma.
El Metzorá es aislado, no por castigo, sino para que en el silencio de la soledad escuche su interior. “Fuera del campamento habitará” (Vayikrá 13:46), como si la desconexión de la comunidad fuera la única vía para la teshuváh (retorno) a la Shejináh del Rey.
Metzorá, es la segunda parasháh que nos hablará al corazón, no se detiene en el sufrimiento sino que revela el camino de regreso. Hay un ritual de purificación, minucioso y sagrado, que involucra dos aves, una que vive y otra que muere; madera de cedro, un hilo carmesí e hisopo. Elementos que representan lo alto, lo bajo, el juicio y la humildad, pero también son elementos involucrados en el acto más sublime que ADONAY hizo por el hombre, al despojarse a sí mismo, no escatimando el ser igual a ELOHÍM sino que se entregó a muerte de cruz.
Las avecillas como la dualidad entre lo celestial y lo terrenal, como la decisión entre la vida y la muerte en el poder de la lengua, pero también representando la muerte, la sepultura terrenal y la resurrección de vida en YESHÚA HAMASHÍAJ, igualmente presente la madera como el objeto de tortura utilizado contra Aquel que, por nosotros, se hizo pecado; el hilo de grana como el símbolo de la sangre derramada que posee el poder de la redención a todo aquel que le ha entregado su Emunáh (fe) al Rey de Yisrael y el Hisopo como un instrumento de purificación y humildad presente también en la crucifixión del que tomó nuestro lugar y nuestro castigo.
El cohén no solo diagnostica, también es instrumento de restauración. El cohén es puente entre la herida y la sanidad, entre el hombre y el Eterno ELOHÍM, hoy tenemos un Cohén Gadol perfecto y permanente en el templo celestial, la propiciación por el hombre caído, aquel que intercede por su pueblo adquirido, por el pueblo del pacto y de las promesas.
El Metzorá purificado ofrece sacrificios, lava sus ropas, rasura su cuerpo. Como si la piel contaminada tuviera que ser removida para dar lugar a una nueva creación. Es el símbolo del teshuváh (retorno): no basta con aparentar, hay que dejar atrás lo viejo para que lo nuevo brote.
Estas porciones también tratan con otros flujos corporales, en hombres y mujeres, que causan tumáh. La Toráh no condena el cuerpo, sino que enseña que la espiritualidad verdadera no ignora lo físico, sino que lo eleva. Cada detalle, incluso el más íntimo importa ante el Creador.
En conjunto, Tazría-Metzorá no son sólo instrucciones de pureza ritual. Son un espejo del alma. Nos enseñan que la palabra contamina más que la carne, que la comunidad necesita estar sana para ser santa, y que todo exilio, incluso el del Metzorá, puede convertirse en el camino de regreso a la restauración, a la rectificación y a la elevación de la dignidad de un hijo.
El mensaje es claro y eterno: no hay mancha que no pueda ser limpiada, ni exilio que no pueda ser seguido de redención. Porque el ELOHÍM de Yisrael es un ELOHÍM que restaura. Y en cada piel sanada, en cada campamento reabierto, en cada silencio transformado en alabanza, Su Nombre es santificado.
