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PARASHÁH BEHAALOTEJA

HN Internacional

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PARASHÁH 
BEHAALOTEJA

PARASHÁH 36: BEHAALOTEJA

בְּהַעֲלֹֽתְךָ֙

20 400 30 70 5 2

2+5+70+30+400+20

Gematría 527

Behaaloteja significa: cuando hagas subir

Toráh: Bamidbar Num_8:1-12:16

Haftaráh: Zejaryah Zac_2:10-4:7

Brit Jadasháh: 1a Corintios 10:1–12:31

Aliyá 1 Domingo

Bamidbar Números 8:1-14

Aliyá 2 Lunes

Bamidbar Números 8:15-26

Aliyá 3 Martes

Bamidbar Números 9:1-14

Aliyá 4 Miércoles

Bamidbar Números 9:15-10:10

Aliyá 5 Jueves

Bamidbar Números 10:11-34

Aliyá 6 Viernes

Bamidbar Números 10:35-11:29

Aliyá 7 Shabat

Bamidbar Números 11:30-12:16

Resumen de la Parasháh Behaalotejá

“Cuando hagas subir a las lámparas...” – así comienza esta parasháh, no con una orden fría, sino con una invitación a elevar, a despertar luz en lo íntimo del Mishkán y del alma.

Aharón es instruido para encender la Menoráh, símbolo eterno de la presencia del Ruaj HaKódesh y la sabiduría divina. No es únicamente prender fuego, es elevar la llama, como quien despierta el alma dormida del pueblo para que arda con el fuego del Cielo. En cada llama, una tribu; en cada aceite, el alma de Yisrael.

Luego, los levitas son apartados, purificados, ofrecidos como un sacrificio viviente. No poseen tierras, pero poseen el Mishkán; no levantan banderas, pero llevan el peso del orden sagrado.

El pueblo se prepara para avanzar, la nube sobre el Mishkán se alza o se posa, y como hijos confiados siguen su sombra por el desierto. Aquí no hay más que sólo obediencia al soplo divino.

Pero no todo es luz.

En el desierto no se camina sólo con creer, también se arrastran apetitos antiguos. El maná cae, pero no basta. Surge el llanto de la codicia: “¿Quién nos diera carne?”, como si Egipto y sus deseos aún vivieran en ellos. Olvidaron que el pan del cielo no sacia cuerpos insatisfechos, sino espíritus agradecidos y llenos de Emunáh.

Entonces, Moshéh, el más humilde, carga el peso de un pueblo que aún no aprendió a confiar. Clama a ADONAY, no por carne, sino por ayuda. Y ELOHÍM reparte Su Ruaj sobre 70 ancianos, para que compartan el peso profético. Dos de ellos, Eldad y Medad, profetizan fuera del campamento. Yehoshúa, celoso, quiere detenerlos. Pero Moshéh responde con un anhelo que aún retumba en los siglos:

“¡Quién diera que todo el pueblo de YHVH fuese profeta!”

Finalmente, Miryam y Aharón murmuran contra Moshéh, cuestionan su elección y autoridad. Pero ADONAY desciende, no para corregir a Moshéh, sino para defenderlo. Y Miryam, la mujer profeta, es golpeada con tzaráat, como si la misma palabra mal hablada se le adhiriera a la piel.

Esta parasháh es un espejo del alma del pueblo:

— luces que se encienden,— quejas que apagan,— liderazgo compartido,— anhelos carnales,— visiones celestiales,— y una voz que aún llama: “Sígueme por el desierto, y Yo seré tu sombra en el calor, tu fuego en el valle de obscuridad.”