Parashot

PARASHÁH VETZOT HABRAJÁH

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PARASHÁH VETZOT HABRAJÁH

PARASHÁH 54: VEZOT HABRAJÁH

וְזֹ֣את הַבְּרָכָ֗הְ

6 7 1 400 5 2 200 20 5

6+7+1+400:414 6+7+1+400:414

Gematría 828

Vezot HaBrajáh Significa: y esta es la bendición

Toráh: Devarím Dt_33:1-34:12

Haftaráh: Iehoshúa Jos_1:1-9

Brit Jadasháh: 2 Juan 1:1–13 y 3 Juan 1:1–14

Aliyá 1 Domingo

Devarím Deuteronomio 33:1-7

Aliyá 2 Lunes

Devarím Deuteronomio 33:8-12

Aliyá 3 Martes

Devarím Deuteronomio 33:13-17

Aliyá 4 Miércoles

Devarím Deuteronomio 33:18-21

Aliyá 5 Jueves

Devarím Deuteronomio 33:22-26

Aliyá 6 Viernes

Devarím Deuteronomio 33:27-29

Aliyá 7 Shabat

Devarím Deuteronomio 34:1-12

Resumen Parasháh Vezot Habrajáh

Con estas palabras se cierra la Toráh:

Moshéh, el hombre de ELOHÍM, está por despedirse del pueblo que condujo cuarenta años. Antes de partir, como un padre que deja herencia, reparte bendiciones a cada tribu de Yisrael.

Bendiciones tribales:

Como Yaakov en su lecho, Moshéh declara destino y misión a cada tribu. A Reuvén, vida; a Yehudáh, fuerza en la batalla; a Leví, el sacerdocio y la enseñanza; a Binyamín, reposo junto al Eterno; a Yosef, fertilidad y abundancia; a Zevulún e Yisasjar, equilibrio entre comercio y estudio; a Gad, coraje de león; a Dan, rapidez y justicia; a Naftalí, satisfacción y bendición; a Asher, aceite y prosperidad. Cada tribu recibe identidad única, pero todas forman parte de la unidad del pueblo.

El canto de la grandeza de Yisrael:

Moshéh proclama: “No hay como el ELOHÍM de Yeshurún” (Deut. 33:26). Yisrael es un pueblo sostenido en brazos eternos, amado, protegido y llamado a la bendición entre las naciones.

La última mirada:

ADONAY lleva a Moshéh a la cima del Pisgáh, frente al Nevó. Allí, desde lo alto, contempla toda la tierra prometida: desde Dan hasta el Néguev, desde el mar hasta el Jordán. Él la ve, pero no la pisa. Su destino era guiar, no heredar.

La partida de Moshéh:

En soledad, el siervo de ELOHÍM muere allí, en la tierra de Moav. Nadie conoce su tumba. Yisrael llora treinta días. Pero la Toráh resalta: nunca se levantó otro profeta como Moshéh, a quien ELOHÍM conoció “paním el paním” – cara a cara.

El cierre y la apertura:

La Toráh termina con la muerte de Moshéh, pero en Simjat Toráh, de inmediato volvemos a Bereshit: de la muerte a la creación, de un final a un comienzo. La vida del pueblo de ELOHÍM es un ciclo eterno de renovación.

Esta parasháh nos deja un mensaje profundo:

Moshéh no entra a la tierra, pero deja lo más grande: la Toráh, las bendiciones y el legado eterno de emunáh (fe). Su vida enseña que no siempre veremos cumplidas todas las promesas en nuestro tiempo, pero nuestra fidelidad abre camino para que otros sí las hereden y en un futuro seguro, la fidelidad de ELOHÍM traerá de nuevo al tiempo, el cumplimiento de todas sus promesas, aun para los que duermen.